En el último número de los Guardianes de la Galaxia teníamos una escena en la que el malo maloso, que posee tantos poderes que la editorial ya no se esfuerza en enumerarlos, felicitaba a sus contrincantes por conseguir plantarles cara con los pocos recursos de que disponen. Esto me hizo reflexionar que quizás lo que haga que este cómic en particular me guste (aparte de disponer de un personaje que es un mapache con unos pistolones enormes) sea eso.Cuando era un crío recuerdo que tenía una libreta en la que dibujaba supuestos superhéroes y villanos invención propia (era así de mono, lo sé). En una de estas se la enseñe a mi tío, el que me había iniciado en este mundillo, y le explicaba los poderes que tenía cada uno y demás. Así que cuando llegué a uno que tenía literalmente TODOS los poderes (sí, la originalidad no era mi fuerte) mi tío me comento que ese tipo no podía ser uno de los buenos, como mucho uno de los malos.
Es decir nos gusta que los buenos ganen, pero que no lo tengan fácil. Queremos ver a un John Macklein arrastrado por fango con la camiseta de tirantes sucia de alquitrán, a un Indiana Jones arrastrado varios kilómetros por un tanque alemán, a un pueblo galo resistiendo a la inmensidad del Imperio romano (aunque lo de la poción mágica les resta un poco de merito), en definitiva ¡queremos que se ganen el sueldo! ¡Nada de caballeros de brillante armadura y pelo pantene que se mantienen igual de principio a fin!


Hace ya años que tengo como tradición el comprar mensualmente el cómic de Spiderman y llevo tres meses viendo las portadas de la última sagapublicada aquí (“back in black”) y pensando ¡que chulas! La saga en sí parte de un cliché típico, al bueno del hombre araña le tocan los cojones pegándole un tiro a un familiar suyo (la inmortal tía May) y se dedica a recorrer la ciudad buscando a los responsables para arrancarles la cara a tortas. Con esta excusa, decide volverse a enfundar el traje de color negro. No, no tiene nada que ver con que en los USA publicasen los tebeos al mismo tiempo que la película, es básicamente porque como está de mala hostia el rojo y azul no le combinan bien (¡un argumento tan sólido como convincente! ;-)). Para el caso, dan igual los motivos y da igual que la historia sea (al menos por ahora) la típica vendetta, y da igual porque los dibujos de Ron Garney molan y el argumento resulta entretenido. Con la pega, eso sí, de como alargan estas sagas en 5 cómics cuando lo podían contar en 2 :-(.